
Y es que alla donde ibamos, nadie se resistía a la tentación de sacarse una foto con
La Pantoja. No podiamos dar dos pasos sin que algún simpatico tunecino nos parará, para ofrecernos la mitad de sus

camellos, y aunque Angel R. llego a regatear con alguno de ellos, finalmente no le parecio ninguna de las ofertas interesante. Pese a la felicidad que llevabamos a todos los lugares que

ibamos con la nuestra simple presencia, todos querian un recuerdo de ese memorable dia, y nos pedian de recuerdo un dinar despues de sacar la fotografía. Nos parecio tan extraña la costumbre de pedir algo tan impersonal de recuerdo, que nosotros intentamos occidentalizarlos ofreciendoles a cambio un autografo o un pequeño fragmento de "Se me enamora el alma" que nuestra tonadillera les regalaba para alegrar sus corazones.

Incluso nos llegaron a ofrecer este camello que nos asegurarón era el mismisimo protagonista de la ultima
campaña de
camel
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